Hasta que la muerte nos separe (Till´ death do us part)

La fotografía ha muerto.

 

No desde una afirmación paralela al tiempo, la democratización de la mirada y la representación de la realidad, sino desde una concepción epistemológica del aparato que contiene las imágenes que producimos y consumimos, sin tener una directa relación objetal con ellas, como diría Marx en cierto punto (1).

 

Las imágenes, técnicas en cuanto a su producción, han recorrido una larga trayectoria desde la quirografía hacia la digitalización de un proceso, que antes químico en lo fotográfico, ahora se ve transformado por lo digital. Producidas hoy por el aparato, su funcionalidad se ve necesariamente influida por un paradigma, presente desde un contexto y temporalidad particular que establece ciertos límites, desde la superficialidad invisibles, en relación a la comprensión de lo producido, en este caso las imágenes técnicas (2).

 

Desde el lenguaje, cual crea realidades, la precisión en la denominación de “lo fotográfico” se muestra siempre confusa y posicionada desde la individualidad; intentamos proyectar y llenar un vacío, que se representa con la vacuidad de una representación visual subjetiva y propia de la posmodernidad. El proceso fotográfico, como una caja negra, construye un cuestionamiento filosófico y de acuerdo a una episteme que establece una diferencia entre lo que fue y lo que es, propio de la producción de imágenes técnicas fotográficas, hacia un proceso de filtración y captura lumínica que resulta en una simulación fotográfica, pero que no la corresponde. Hablamos entonces sobre objetos distintos, desde interpretaciones distintas acerca de la realidad, una más cercana que la otra, ambas desde contextos que nacen desde el desarrollo industrial, hacia una era super-industrial (Toffler, 1995), marcada por el distanciamiento entre el ser humano y aquello que lo acompaña en la búsqueda de la verdad.

 

El sensor digital, reemplazando al soporte químico fotosensible, no sólo recibe y recepta las unidades lumínicas como el film o soporte físico-químico para plasmar la imagen recibida desde el exterior en una representación mas o menos fiel y fidedigna de lo real (aún así condicionada por su contexto temporal y espacial), sino que transforma la luz en señales eléctricas a través de sus fotositos, unidades contenidas dentro del sensor y encargadas de recepcionar estas partículas de luz, las cuales en formato de información digital en 1 y 0 son interpretadas para la construcción nueva de una imagen, ahora electrónica, sobre la luz captada a través del aparato digital.

 

¿Es este desconocimiento una pérdida de control sobre los objetos que producimos, y por consiguiente por aquellos procesos que los producen? Según Darío Rodríguez, la industrialización ha provocado una alienación (3), que dentro de este cuestionamiento produce un abismo para el usuario, en la acción “fotográfica” que funciona como la punta del iceberg en un mundo de apariencias y exacerbación de las funciones “yoicas”.

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(1) Hopenhayn, M. (2001). Repensar el Trabajo: Historia, Profusión y Perspectivas de un Concepto (1ª ed., pp. 147-154). Barcelona, España: Norma.

(2) Flusser, V. (1990). Hacia una filosofía de la fotografía (1ª ed.). Mexico: Trillas.

(3) Rodríguez, D (2008). Gestión Organizacional (4ª ed., pp. 21). Santiago, Chile: Universidad Católica de Chile.

(ENG)

The photography has died.

Not from a time, democratization of the common look and the representation of reality affirmation, but from an epistemological conception of the apparatus that contains the images that we produce and consume, without having a direct object relationship with them, as Marx would at some point (1).

The images, techniques in terms of their production, have gone through a long way from the chirography to the digitalization of a process, which was previously chemically photographic, now transformed by the digital. Produced today by the apparatus, its functionality is necessarily influenced by a paradigm, present from a particular context and temporality that establishes certain limits, from the invisible superficiality, in relation to the understanding of the produced "object", in this case the technical images (2).

From the language, which creates realities, the precision of "the photographic" denomination, it´s always confused and positioned from the individuality; we try to project and fill a void, which is represented by the emptiness of a subjective visual representation typical of postmodernity. The photographic process, like a black box, constructs a philosophical questioning and according to an episteme that establishes a difference between what was and what is, typical of the production of photographic technical images, towards a filtering process and light capture that it results in a photographic simulation, but it does not correspond. Then we talk about different objects, from different interpretations about reality, one closer than the other, both from contexts that arise from industrial development, towards a super-industrial era (Toffler, 1995), marked by the distance between being "human being" and that which accompanies him in the search for truth.

 

The digital sensor, replacing the photosensitive chemical support, not only receives the light units such as the film or physical-chemical support to capture the image received from the outside in a more or less faithful representation of the real (still conditioned because of its temporal and spatial context), but it transforms the light into electrical signals through its photosites, units contained within the sensor and responsible for receiving these light particles, which in digital information format in 1 and 0 are interpreted for the new construction of an image, now electronic, on the captured light through the digital apparatus.

 

Is this ignorance a loss of control over the objects that we produce, and therefore by those processes that produce them? According to Darío Rodríguez, industrialization has provoked an alienation (3), which within this questioning produces an abyss for the user, in the "photographic" action that functions as the tip of the iceberg in a world of appearances and exacerbation of "self" functions.

 

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(1) Hopenhayn, M. (2001). Rethink the Work: History, Profusion and Perspectives of a Concept (1ª ed., pp. 147-154). Barcelona, Spain: Norma.

(2) Flusser, V. (1990). Towards a photography philosophy1ª ed.). Mexico D.F., Mexico: Trillas.

(3) Rodríguez, D (2008). Organizational Management (4ª ed., pp. 21). Santiago, Chile: Chilean Catholic University.